top of page
Buscar

¿De qué nos estamos alimentando? Juan 6, 44-51

Lectura del santo evangelio según san Juan

Juan 6, 44-51


En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: "Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre, que me ha enviado; y a ése yo lo resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: Todos serán discípulos de Dios. Todo aquel que escucha al Padre y aprende de él, se acerca a mí. No es que alguien haya visto al Padre, fuera de aquel que procede de Dios. Ese sí ha visto al Padre.


Yo les aseguro: el que cree en mí, tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Sus padres comieron el maná en el desierto y sin embargo, murieron. Éste es el pan que ha bajado del cielo para que, quien lo coma, no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre, y el pan que yo les voy a dar es mi carne para que el mundo tenga vida".

Hay palabras de Jesús que, a primera vista, pueden parecer difíciles de entender. No porque sean complicadas, sino porque van mucho más allá de lo que normalmente esperamos. Este pasaje del Evangelio de Juan 6, 44-51 es uno de ellos. Aquí Jesús no solo enseña, sino que revela algo profundamente íntimo sobre quién es Él y qué significa creer.


Todo comienza con una afirmación que cambia la perspectiva: “Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre”. Esto rompe con la idea de que la fe depende únicamente de nosotros. Muchas veces pensamos que acercarnos a Dios es cuestión de esfuerzo personal, de disciplina o de tener “suficiente fe”. Pero Jesús deja claro que antes de cualquier intento nuestro, hay una iniciativa de Dios, es Dios quien atrae.


Y esa atracción no siempre es evidente. A veces se manifiesta como una inquietud interior, como una pregunta que no logramos ignorar, como una necesidad de sentido, como ese momento en el que sentimos que algo nos falta. Incluso en medio de dudas o confusión, ese deseo de buscar ya es señal de que Dios está actuando.


Luego, Jesús afirma algo aún más fuerte: “Yo soy el pan de la vida”.


Para entender esto, hay que recordar que el pueblo de Israel había vivido la experiencia del desierto, donde Dios los alimentó con el maná. Ese pan del cielo les permitió sobrevivir, pero no era definitivo. Era un alimento temporal para una necesidad momentánea.


Jesús, en cambio, se presenta como un alimento distinto. No uno que sostiene solo por un tiempo, sino uno que da vida eterna. Es decir, no viene solo a resolver situaciones concretas o a acompañar momentos difíciles, sino a ofrecer una vida plena, profunda, que no se agota.



Hoy también buscamos “alimento” en muchas cosas: el éxito, las relaciones, la aprobación, las redes sociales, el trabajo, los logros personales. Y aunque todo eso puede ser bueno, ninguna de esas cosas logra llenar completamente el corazón. Siempre queda algo pendiente, un vacío, una sensación de que falta algo más. Jesús se presenta como ese “algo más”, como aquello que no solo llena, sino que da sentido.


El Papa Benedicto XVI lo explica de una forma muy clara: Jesús no es solo alguien que habla de Dios, sino que es la Palabra de Dios hecha persona. Es decir, en Él encontramos no solo enseñanzas, sino la presencia misma de Dios que se nos da.


Y esto se concreta de una forma muy real en la Eucaristía.


Cuando Jesús dice que el pan que dará es su carne, está anunciando que Él mismo se entregará como alimento. No es solo una metáfora. Es una forma radical de cercanía. Dios no se queda en ideas o en conceptos: se hace presente, se hace alimento, se hace parte de nuestra vida.


Y aquí surge una pregunta importante: ¿de qué nos estamos alimentando?


Porque así como el cuerpo necesita comida para sostenerse, el corazón también necesita algo que lo nutra. Y muchas veces intentamos llenarlo con cosas que no duran, que son momentáneas, que dependen de circunstancias externas.


Jesús propone algo distinto: un alimento que permanece.

Creer en Él, entonces, no es solo aceptar una idea o cumplir con una tradición. Es entrar en una relación. Es dejar que su presencia transforme la forma en que vivimos, en que pensamos, en que enfrentamos lo que pasa.


También implica confiar en que Dios ya está actuando en nuestra vida, incluso cuando no lo notamos del todo. Porque si hay en nosotros una búsqueda, una inquietud, un deseo de algo más profundo, es porque Él ya nos está atrayendo.


 
 
 

Comentarios


Sitios hermanos:

LOGO SANTA SEDE.png
LOGO FIDES BLANCO.png
LOGO SAN JOSE TV BAJA.png
Instagram-Logo-2016.png

Suscríbase y reciba información reciente de nuestra Arquidiócesis

¡Gracias por suscribirse!

Sus dudas, consultas o solicitudes de acompañamiento al Departamento de Comunicación pueden enviarse al correo

 

           coarcarqsj@gmail.com 

gmail_new_logo_icon_159149.webp

© 2023 Arquidiócesis San José - Costa Rica

  • TikTok
  • Facebook
  • Instagram
bottom of page