La plenitud de la Ley en el amor de Dios Mateo 5, 20-22. 27-28. 33-37
- Comunicación Arquidiócesis San José
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Lectura del santo evangelio según san Mateo
Mateo 5, 20-22. 27-28. 33-37
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Les aseguro que si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, ciertamente no entrarán ustedes en el Reino de los cielos.
Han oído que se dijo a los antiguos: No matarás y el que mate será llevado ante el tribunal. Pero yo les digo: Todo el que se enoje con su hermano, será llevado también ante el tribunal.
También han oído que se dijo a los antiguos: No cometerás adulterio. Pero yo les digo que quien mire con malos deseos a una mujer, ya cometió adulterio con ella en su corazón.
Han oído que se dijo a los antiguos: No jurarás en falso y le cumplirás al Señor lo que le hayas prometido con juramento. Pero yo les digo: No juren de ninguna manera, ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es donde él pone los pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del gran Rey.
Tampoco jures por tu cabeza, porque no puedes hacer blanco o negro uno solo de tus cabellos. Digan simplemente sí, cuando es sí; y no, cuando es no. Lo que se diga de más, viene del maligno''.fo de marcador de posición.
Este Evangelio nos presenta una enseñanza exigente de Jesús sobre la verdadera justicia. Aquí, Jesucristo invita a ir más allá del simple cumplimiento externo de la ley. No basta con no matar; también debemos cuidar el corazón del enojo. No basta con no cometer adulterio; también debemos purificar la intención y la mirada. No basta con evitar jurar en falso; debemos ser personas tan íntegras que nuestra palabra baste.
Jesús enseña que el pecado no empieza solo en las acciones, sino en el corazón. Por eso llama a una conversión más profunda, donde la fe transforme pensamientos, emociones y decisiones. Este Evangelio nos recuerda que Dios no solo mira lo que hacemos, sino lo que llevamos dentro.
Las palabras del Papa Benedicto XVI ayudan a entender este mensaje. Él explica que cuando Jesús dice “pero yo les digo”, está mostrando la plenitud de la Ley, es decir, llevar los mandamientos a su raíz más profunda: el amor. Jesús no elimina la ley, sino que la llena del amor de Dios y de la fuerza del Espíritu Santo.
El Papa también enseña que todos los mandamientos se resumen en uno solo: amar a Dios con todo el corazón y amar al prójimo como a uno mismo. Cuando vivimos desde ese amor, los mandamientos dejan de ser solo normas y se convierten en un camino de vida y de libertad interior.
Este Evangelio nos invita a revisar nuestro corazón: cómo hablamos, cómo miramos, cómo reaccionamos, cómo cumplimos nuestra palabra. Jesús nos llama a una fe coherente, donde el “sí” sea sí y el “no” sea no, viviendo con transparencia, verdad y amor, porque la verdadera justicia nace de un corazón transformado por Dios.
