El Tiempo Ordinario: encontrar a Dios en lo cotidiano
- Comunicación Arquidiócesis San José
- 14 ene
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Cuando escuchamos la palabra “ordinario”, muchas veces pensamos que se trata de algo aburrido o sin importancia. Sin embargo, en la Iglesia, el Tiempo Ordinario no significa algo menor, sino todo lo contrario. Es el tiempo en el que aprendemos que Dios también está presente en lo cotidiano: en la rutina, en el trabajo, en la escuela, en la familia y en los pequeños momentos del día a día.
El Tiempo Ordinario nos enseña que la vida cristiana no se vive solo en las grandes celebraciones como Navidad o Pascua, sino también en los días normales, esos que a veces parecen iguales, pero que están llenos de oportunidades para crecer y amar.
El Tiempo Ordinario es el más antiguo y el más largo del año litúrgico, ya que ocupa 33 o 34 semanas de las 52 que tiene el año. Su nombre viene de la palabra ordinal, que significa “contar”, porque las semanas se enumeran en orden.
Este tiempo se divide en dos partes:
La primera va desde después de la Navidad (Epifanía y Bautismo del Señor) hasta el inicio de la Cuaresma.
La segunda va desde después de Pentecostés hasta el comienzo del Adviento.
Durante este tiempo, el color que vemos en la Iglesia es el verde, que representa la vida, la esperanza y el crecimiento, como las plantas que crecen poco a poco, sin hacer ruido, pero con fuerza.
En el Tiempo Ordinario contemplamos a Jesús en su vida diaria: lo vemos enseñar, sanar, caminar con las personas, orar al Padre y cumplir con amor la misión que Dios le confió. No es un Jesús lejano, sino cercano, que vive entre la gente.
Y así como Jesús crece y se entrega, también nosotros estamos llamados a crecer. Crecer en la fe, en el amor, en la esperanza. Crecer en lo que hacemos cada día:
En la familia,
En el estudio,
En el trabajo,
En nuestras amistades,
Incluso en los momentos difíciles, los fracasos y los sufrimientos.
